Estrellas, agua, esto y aquello

Tras una noche sin viento alguno en la que la frustración se podía respirar en el ambiente, por fin empezó a correr un poquito de brisa y volvimos a tener la esperanza de que podremos llegar algún día del punto A al punto B de los cojones sin que llegue la sangre al río. A veces lo único que me apetece es jurar en arameo tan fuerte como me permitan mis pulmones por lo ridículo de la situación, pero confieso que no lo hago muy a menudo porque una vez casi mato a Paul de un ataque al corazón con tanto grito (el pobre estaba en el séptimo sueño). Sólo cuando estoy solo me dedico a gritar como un poseso, tan fuerte como puedo, y no dejo títere con cabeza, hasta que me siento mejor o hasta que por fin empieza a soplar un poco de viento. Es entonces cuando puedo volver a sonreír y escribir sobre lo bonito que está el cielo cubierto de estrellas cuando mi alma entra en comunión con los elementos… y entre tanta agua y la fría brisa el cuello se me pone súper tenso.

A veces un bonito amanecer o alguna forma de las nubes me hacen empanarme de sobremanera en el limbo hasta que vuelvo en mí… porque todo lo que todos queremos es salir de aquí tan rápido como podamos.

La verdad es que hoy no nos podemos quejar. El viento ha surgido de la nada y nos acercamos, lentos pero seguros, a Cape Town, y por primera vez en semanas, la proa lleva apuntando al este desde el amanecer.